Sobre la serie LA MENTE FORÁNEA

Serie de 24 cuadros hechos por Claudia Medina Castro en óleo, acrílico, pasteles, y collages sobre telas y maderas, con breves textos poéticos escritos por Carmen López Lacarrère, basada en una idea del capítulo “Sombras de Barro” del libro “El lado Activo del Infinito” de CARLOS CASTANEDA.




SOMBRAS DE BARRO (síntesis):

Tenemos un compañero de por vida. Tenemos un predador que vino desde las profundidades del cosmos y tomó control sobre nuestras vidas.

Los seres humanos somos sus prisioneros. Nos han vuelto dóciles e indefensos. Si queremos protestar, suprime nuestras protestas. Si queremos actuar independientemente, nos ordena que no lo hagamos.

Tomaron posesión porque para ellos somos comida, somos su sustento. Así como nosotros criamos gallinas en gallineros, así también ellos nos crían en humaneros.

Nos han dado nuestros sistemas de creencias, nuestras ideas del bien y el mal, nuestras costumbres sociales.

Establecieron nuestras esperanzas y expectativas, nuestros sueños de triunfo y fracaso. Nos otorgaron la codicia, la mezquindad y la cobardía.

Es el predador el que nos hace complacientes, rutinarios y egomaníacos.

Para esto aplicaron una brillante estrategia: Nos dieron SU mente… que se vuelve nuestra mente. La mente del predador es barroca, contradictoria, mórbida, llena de miedo a ser descubierta en cualquier momento.


A través de esta mente, los predadores imponen en las vidas de los seres humanos lo que sea conveniente para ellos…

Los predadores consumen la energía de la conciencia.


Los chamanes VEN a los seres humanos como bolas luminosas. Dicen que cuando nacen tienen una gran capa brillante de energía (la conciencia). A medida que se vuelven adultos, todo lo que queda de esa capa brillante de conciencia es una angosta franja que va desde el suelo hasta por encima de los dedos de los pies.


Aprovechándose del único punto de conciencia que nos queda, los predadores crean llamaradas de conciencia que proceden a consumir de manera despiadada o predatoria. Y nos otorgan problemas banales que fuerzan a esas llamaradas de conciencia a crecer. De esa manera nos mantienen vivos, para alimentarse con la llamarada energética de nuestras pseudopreocupaciones.

En lo más profundo de cada ser humano, hay un saber ancestral, visceral acerca de la existencia del predador.

Los chamanes del México antiguo lo vieron. Lo llamaron EL VOLADOR porque brinca en el aire. No es nada lindo. Es una enorme sombra, de una oscuridad impenetrable, una sombra negra que salta por el aire. Luego, aterriza de plano en el suelo.


Ellos querían saber cuándo había hecho su aparición en la Tierra.


Razonaron que el hombre debía haber sido un ser completo en algún momento, con estupendas revelaciones, proezas de conciencia que hoy en día son leyendas mitológicas. Y luego todo parece desvanecerse y nos quedamos con un hombre sumiso.



No nos enfrentamos a un simple predador. Es muy ingenioso y es organizado. Sigue un sistema metódico para volvernos inútiles.

El hombre, el ser mágico que es nuestro destino alcanzar, ya no es mágico. Es un pedazo de carne. No hay más sueños para el hombre sino los sueños de un animal que está siendo criado para volverse un pedazo de carne: trillado, convencional, imbécil.

La única alternativa que le queda a la humanidad es la disciplina.


La disciplina es el único repelente. Pero con disciplina no me refiero a arduas rutinas.

Los chamanes entienden por disciplina la capacidad de enfrentar con serenidad circunstancias que no están incluidas en nuestras expectativas.

Para ellos, la disciplina es un arte: el arte de enfrentar al infinito sin vacilar, no porque sean fuertes y duros, sino porque están llenos de asombro.

La disciplina hace que la capa brillante de conciencia se vuelva desabrida al volador. Si los predadores no nos comen nuestra capa brillante de conciencia durante un tiempo, ésta seguirá creciendo. Ellos decían que la capa brillante de conciencia es como un árbol. Si no se lo poda, crece hasta su tamaño y volumen naturales. A medida que la conciencia va creciendo, tremendas maniobras de percepción se vuelven cosa corriente.

También descubrieron que si agotaban la mente del volador con silencio interno, la instalación foránea saldría corriendo, dando así la total certeza del origen foráneo de esta mente.


La instalación foránea vuelve, pero no con la misma fuerza, hasta que desaparece de forma permanente. ¡Un día de lo más triste! Ése es el día en que tienes que contar con tus propios recursos, que son prácticamente nulos. No hay nadie que te diga qué hacer. No hay una mente de origen foráneo que te dicte las imbecilidades a las que estás habituado.

La mente del volador huye para siempre cuando un chamán logra asirse a la fuerza vibratoria que nos mantiene unidos (NMRK) como conglomerado de fibras energéticas. Si lo mantiene durante suficiente tiempo, la mente del volador huye derrotada.

“Los voladores son una parte esencial del universo. Y es porque somos poseedores de energía con conciencia, que somos los medios por los que el universo se vuelve consciente de sí mismo. Son los desafiantes implacables. No pueden ser considerados de ninguna otra forma. Si lo logramos, el universo nos permite continuar…”

“El lenguaje es inadecuado. Todas las experiencias están más allá de la sintaxis.”

CARLOS CASTANEDA