26 octubre, 2015

Tramo 521


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‑El recontar sucesos es mágico para los chamanes ‑dijo‑. No se trata simplemente de contar un cuento. Es ver la tela sobre la que se basan los sucesos. Es por eso que el recuento es tan vasto y tan importante.
Al pedírmelo, le conté a don Juan el suceso que ha­bía recordado.
‑Qué apropiado ‑dijo con una risita de deleite­-. Lo único que puedo comentar es que los guerreros‑via­jeros se tienen que dejar llevar. Van a donde los lleva el impulso. El poder de los guerreros‑viajeros es estar aler­ta para conseguir el máximo efecto con el mínimo im­pulso. Y sobre todo, su poder está en no interferir. Los sucesos tienen una fuerza, una gravedad propia, y los viajeros son simplemente viajeros. Todo lo que los ro­dea es solo para sus ojos. De esta manera, los viajeros construyen el significado de cada situación, sin pregun­tar nunca cómo fue que pasó así o asá.
»Hoy recordaste un suceso que resume tu vida entera ‑continuó‑. Te enfrentas siempre con una situación que es la misma que nunca resolviste. Nunca tuviste que decidir si aceptabas o rechazabas el trato embustero de Falelo Quiroga. El infinito siempre nos pone en la terri­ble posición de tener que escoger ‑siguió‑. Queremos el infinito, pero a la vez queremos huir de él. Tú quieres decirme que me vaya al carajo, pero a la vez te sientes obligado a quedarte. Sería infinitamente más fácil para ti si simplemente estuvieses obligado a quedarte.«
 
 
(El lado Activo del Infinito – Carlos Castaneda – 1999)
 
 









27 agosto, 2015

Tramo 414



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“…
‑Los chamanes nunca dicen las cosas por decirlas ‑dijo‑. Tengo muchísimo cuidado de lo que te digo a ti o a cualquier otra persona. La diferencia entre tú y yo, es que yo no tengo nada de tiempo, y me comporto confor­me a eso. Tú, por otro lado, crees que tienes todo el tiem­po del mundo y también te comportas conforme a eso. El resultado final de nuestras dos formas de comportamien­to es que yo mido todo lo que digo y hago, y tú no.
Tuve que admitir que tenía razón, pero le aseguré que lo que me decía no me aliviaba mi confusión o mi tristeza. Solté entonces, sin dominio alguno, cada matiz de mis confusos sentimientos. Le dije que no venía en busca de consejos. Quería que me recetara una manera chamanística para terminar con mi angustia. Creí estar verdaderamente interesado en obtener de él algún rela­jante natural, un Valium orgánico, y se lo dije. Don Juan movió su cabeza, desconcertado.
‑Eres demasiado ‑dijo‑. En seguida me vas a pe­dir un medicamento chamanístico para quitarte todo lo que molesta, sin esfuerzo ninguno por tu parte; sólo el esfuerzo de tragar lo que se te dé. Entre peor el sabor, mejor el resultado. Ése es tu lema, el del hombre occi­dental. Quieres resultados: una pócima y te curas.
…”
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(El lado Activo del Infinito – Carlos Castaneda – 1999)
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03 octubre, 2014

tramo 911


“…
‑La gran falla a la que me refiero ‑dijo‑, es algo que tienes que recordar en cada segundo de tu existencia. Para mí, es la cuestión de las cuestiones, que te voy a re­petir una y otra vez, hasta que se te salga por las orejas.
Después de un largo minuto, me di por vencido.
‑Somos seres que vamos camino a la muerte ‑di­jo‑. No somos inmortales, pero nos comportamos co­mo si lo fuéramos. Ésta es la falla que nos tumba como in­dividuos y nos va a tumbar como especie algún día.
Don Juan declaró que la ventaja que tienen los cha­manes sobre sus congéneres comunes es que los chama­nes saben que son seres que van camino a la muerte y no se permiten desviarse de ese conocimiento. Enfatizó que un esfuerzo enorme tiene que emplearse para obtener y mantener ese conocimiento como certeza total.
‑Pero, ¿por qué es tan difícil admitir algo que es tan verdadero? ‑pregunté, confundido por la magnitud de nuestra contradicción interna.
‑No es en realidad la culpa del hombre ‑dijo en tono conciliatorio‑. Algún día te contaré más acerca de las fuerzas que llevan al hombre a comportarse como buey.
…”
 
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(El lado Activo del Infinito – Carlos Castaneda – 1999)